Memoria de un sueño

Se acabó la cuenta atrás. Ha pasado mucho tiempo desde que señalé este día en el calendario y aún más desde que empecé a soñar con él. La última semana no ha sido la mejor. Estrés, trabajo y preparativos para África, hacen que no descanse bien y llegue a Huelva no precisamente en las mejores condiciones. Antibióticos, paracetamol e ibuprofeno intentan que al menos pueda estar ahí.

Suena el despertador. Son las cinco de la mañana. Lo primero que hago es tragar para comprobar si sigue doliendo la garganta. Parece que estoy bien. Rafa y yo hemos dejado todo preparado en la habitación del hotel sólo para cambiarnos y bajar a desayunar. En el buffet del hotel se respira un ambiente cuanto menos interesante. Mucha concentración. ¡Parecen todos máquinas! Resulta curioso el ritual de como a veces  se miran unos a otros, y a sus piernas casí como identificativo de su nivel. Tensión. Rafa y yo a lo nuestro, diciendo tonterías como de costumbre.

Subimos a recoger las bolsas de la T1 (primera transición) y bajamos al paseo dónde parece estar todo preparado. Toca enfundarse el neopreno.  Hacerlo bien para evitar rigidez en los hombros y brazos no es fácil. Recuerdo cada consejo que dos días antes, Alfonso, aquel chico de Rumbo Solidario que acababa de cruzar el estrecho a nado, me daba en mi último entrenamiento de agua en la piscina de Aira.Todo listo desde la T1 se nos dirige a la playa en un camino a través de un puente de madera. Aún es de noche. Casi 800 triatletas, que quieren hoy, ser Ironman, caminan en filas entre multitud de familiares y espectadores que han querido ver el alba desde las playas de Islantilla. La música y las palabras del speaker que habla de  nosotros cómo héroes que van a enfrentarse a uno de los Ironman más duros del mundo, crean una atmósfera espectacular.

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A unos 50 metros de la orilla, esperamos en línea que sea el primer rayo de sol el que marque la salida. Llega el momento,corremos hacia dentro, primeras brazadas. Difícil no llevarse manotazos, patadas en la cara y algún que otro codazo. Cada uno quiere encontrar su hueco en el agua. Nadamos océano adentro. Mientras lo hacemos, podemos ver cómo el sol aparece muy lentamente tras el agua no queriendo perderse este espectáculo. Las imágenes son impresionantes. Probablemente uno de los amaneceres más bonitos que jamás he visto. Seguimos sin bajar el ritmo, quedan muchas, muchas horas, hay que pensarlo porque los ritmos son fuertes. Salimos del agua al paso por el primer circuito de 1900metros para correr cien metros por la playa y volver a por la segunda vuelta. Los gritos de fuerza de la gente son pura adrenalina.

Seguimos nadando. Regular el ritmo es complicado. Relajarse un poco significa recibir manotazos en los pies de los que vienen desde atrás como tiburones. Saco la cabeza hacia delante buscando referencia para no desviarme pero no se ven las bollas, aún están muy lejos y el sol envuelve el Atlántico de color naranja impidiendo una visión clara. Hay que dejarse llevar por el rumbo de los que van en cabeza. (No creo que vayamos todos equivocados). Nado con fuerza. Aún no me lo creo habiendo estado tan mal los días anteriores. Estoy disfrutando en el agua. Ya no queda tanto y puedo escuchar de fondo la música y como el speaker comienza a reproducir la salida de los primeros nadadores. No se como voy, pero me imagino que a mitad de tabla (el 400 más o menos).

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Salgo del agua y mientras me desabrocho el neopreno corro hacia la T1 a través de aquel puente de madera donde se concentran cientos de personas que dan alas. Llego a las bicis y me encuentro muchas más de las que esperaba. Buena señal. Oigo por ahi que hemos salido entre el 70 y el 80. Casi no lo creo, me da mucha fuerza. Mientras me cambio rápidamente, el de al lado me dice que la natacion ha sido mucho mas larga (4.200 metros) y los tiempos muy lentos (1.08) a lo que le contesto, ¡para mi ese tiempo esta perfecto!.

Termino la transición me pongo el casco y cojo la bici. No puedo creer lo que estoy viendo,mi bici esta pinchada. Empiezo bien, pienso. Un chico de la organización se da cuenta y corre hacia mí. Abre paso entre las muchas personas que hay en la salida de boxes para repararla. “Ánimo chaval, son sólo varios minutos”, escucho entre la gente. Termina de cambiarla y oigo: “algo pasa, se ha pinchado otra vez”. No quiero ni mirar. Siguen pasando y pasando triatletas que habían salido muy por detrás de mí en el agua. Tranquilo Pepe, me digo a mí mismo, piensa en positivo, si esto te pasa a tí en mitad de la carretera ¡tardas mucho más! Después de casi quince minutos, me abren paso de nuevo para entrar en carrera y entre ánimos de la gente que sabía lo que había pasado, empiezo a pedalear con mucha rabia. Quiero recuperar todas las posiciones que he perdido de modo injusto. Vuelo los primeros 50km, cada vez que miro el velocímetro marcan medias de 37-38km/hora, es cuando escucho, lleváis al primero a 30 minutos. Pienso, si he estado parado casi 15 minutos, como es posible. Pero me da mucha fuerza y me vengo arriba.

Las carreteras son espectaculares. No disfrutar de los paisajes es no  querer hacerlo. Casi sin darte cuenta, los ánimos y gritos de fuerza de la gente son en otro idioma. ¡Estamos en Portugal! Y con ello empiezan las subidas. Carreteras curvas empinadas y repechos interminables comienzan a bajar notablemente las medias y a acusar el cansancio de casi cuatro horas de competición. Hay que seguir. Pedaleamos rumbo a Pomarao y las pendientes se hacen cada vez más fuertes. Rampas del 15% castigan y marcan respeto hacia esta prueba. La cara de sufrimiento de la mayoria se hace muy visible. Desde abajo, podemos ver como arriba hay un arco para coronar dónde esta el premio de la montaña. ¿Que broma es esta? Después hay que correr un maratón.. La dureza de las carreteras lusas y su viejo asfaltado recuerdan cada minuto que esto no lo va a acabar cualquiera.

Km 95, comienzan los dolores de estómago. Sabía que llegarían. Suena de risa, pero junto al desayuno me había tomado un esferalgan y un antibiótico. Son muchos km alimentándome de geles e isotónicas. Como tenía el estomago,era normal. Bajo el ritmo. Pepe hay que terminar, me digo. Pero no es fácil pedalear con este dolor. Me pasa gente, pero intento ignorarlo. Eran ya casi 30 km con dolor pero consigo poderle a la batalla. Si algo se entrena en la preparación de una prueba así,es la cabeza.

Desde la bella localidad portuguesa de Mértola y su majestuoso castillo que daba la bienvenida a aquellos que aún seguíamos en la lucha, llegamos a alcautín, un pequeño pueblecito donde me encontré por sorpresa el avituallamiento de fuerza y energía que más necesitaba. Mi familia y amigos. Eran rampas hacia arriba y aprovechaba la subida para pasar a algunos ciclistas que me habían superado durante los 30 kilómetros de dolor. Allí estaban todos dando guerra. Difícil describir. Increíble.

Seguimos pedaleando por duras pero impresionantes carreteras portuguesas que bordeaban el guadianda creando un marco incomparable camino de Castro Marín. El calor acusa cada subida, y los más de 150km encima de la bici golpean las piernas. Hay que seguir adelante. Sigues pedaleando en solitario, como así rigurosamente defiende los valores de la prueba, marcando el desafío y la lucha contra ti mismo. Soy capaz de hacerlo y no me voy a rendir.

Kilómetro 175. Puedo ver de fondo Vilareal de San Antonio, lugar donde se encuentra la T2 y donde dejaremos las bicis después de seis horas pedaleando, para hacer frente a 42 km corriendo. Mejor no pensarlo. Llego a boxes, Dorsal 692, allí me esperan mis zapatillas de correr que también quieren disfrutar de este día. Me cambio rápido y salgo a correr. Mis piernas me dicen, ¿dónde vas? ¿Todavía quieres más?  Por supuesto. Valiente hacia delante.

Comienzo a correr y allí de nuevo están todos. Resulta curioso como en casi todas las fotos salgo sonriendo, parece que ni sufrí. Pero es que después de tantas horas en solitario, verles y sentir su ánimo y de que forma lo hacían, era tan grande, que era imposible no reflejarlo en un rostro cansado pero muy feliz.

Sigo en solitario.  Son ocho horas de carrera en las que tu cuerpo no ha parado en ningún momento. Y aún quedan más de treinta kilómetros corriendo. Comienza la batalla más dura, y la más bonita. La verdadera lucha contra tí mismo. La pelea donde tu cabeza convence a tu cuerpo  agotado y dolorido que aún puede más y que lo va a conseguir. Regulas tu cuerpo y tu metabolismo como si fuera una maquina. Dosificas con precisión el esfuerzo. Te hidratas y alimentas en dosís muy pequeñas para poder seguir adelante. Te estimulas, te animas a tí mismo. Te sientes grande de poder seguir adelante.

Tras el impresionante puente colgante que separa España de Portugal que te hace sentir tan poderoso a su paso, un grupo de chicos con acento andaluz, volcados en animarnos, te dan la bienvenida a España. Ya estamos aquí, piensas. Lo estas haciendo. Pero llega la via verde. Un largo, muy largo, camino de arena y piedras que aún tiene mucho que decir. Comienzan las imágenes más desagradables. Corredores vomitando. Algunos en el suelo lloran casi desvanecidos porque no pueden continuar. Calambres, mareos. Animas, les das fuerza, pero hay que seguir. Tengo que llegar a meta, pienso.

“Tienes que cambiarte de sitio el microchip, tienes sangre y te esta destrozando el tobillo”. Me dicen desde atrás. Es cierto, contesto, pero ese dolor me esta haciendo no pensar en otros.  Empiezo a pasar a mucha gente que decide hacer tramos andando. Mientras pueda me niego a andar. Aislado en mi mismo, con la visera que Juan me había dejado, sigo adelante atravesando largos caminos de arena que nos llevan hasta la Redondela e Isla Cristina. Los habituallamientos cada cuatro kilómetros saben a gloria. Los ánimos de los voluntarios aún más. Impresionante la labor que están haciendo. Sois unos héroes, decían y ya estáis ahí.

Kilómetro 28 de carrera. Son sólo 15 más, pero no sabía que tan duros. Nos esperan casí dos kilómetros de dunas en un pinar junto a la playa. En cualquier momento hubiera dicho que precioso. Pero en este, se hacía un autentico infierno. Conseguimos salir de ahí y llegamos a Islantilla donde recorreríamos los últimos doce kilómetros.  Allí estaban todos. Mis hermanos, mi primo Ale, Edu, Juan, también Antoñete y Alejandra, me acompañan un tramo de carrera que nunca olvidaré.

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Ya no corrían las piernas. Creo que tampoco lo hacia la cabeza. Pero si, el corazón. Kilómetro 37 de carrera deciden como broche final asegurarse de no conceder a nadie que no mereciera,entrar en meta sin haber corrido 3 interminables kilómetros por la arena blanda de la playa. Hay que seguir adelante.

Había ganado la batalla y ya estaba a sólo dos kilómetros de conseguirlo. Un paseo de gloria que me hace olvidar el dolor y el cansancio corriendo sobre nubes por el paseo marítimo de Islantilla. Difícil describir. Los espectadores se vuelcan. Un ambiente espectacular. A la cabeza vienen muchos recuerdos muy bonitos. Pero muchos otros de sufrimiento por los que hubo que pasar para llegar ahí. Lo he conseguido. Ultimo giro, son cien metros. Suena la música de carros de fuego que tanto significa para mí desde que era pequeño y que mi hermana Eva había querido que la organización pusiera para mí en ese momento.

Cientos de personas aplauden el esfuerzo de tantas horas. Miro hacia arriba y recuerdo a mi padre. También a familiares que han sido tan importantes para mí y se que me han ayudado desde el cielo a llegar a meta. Corro sobre una alfombra roja y no puedo evitar emocionarme. Mi sobrina Mercedes corre hacia mí y la cojo de la mano para levantarlas juntos y decir sí. Sí se puede lograr, cuando uno quiere.

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Besos y abrazos de emoción que perduraran para el recuerdo. Me siento muy afortunado porque mi salud me ha permitido vivir esta dura pero espectacular e inolvidable experiencia y poderle a un desafío que parecía imposible. Pero también por tener a muchas personas con las que compartir un triunfo que ha sido de todos. Pienso en mi madre, que no ha querido venir por no querer verme sufrir, pero que tanto me ha cuidado las últimas semanas para poder con esto. Creo que por primera vez me ha comprendido. Ha entendido que no son locuras sin sentido, es simplemente un modo de vivir. Simplemente un estilo de vida.

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16 comentarios en “Memoria de un sueño

  1. ENHORABUENA PEPITO!!! eres mi idolo total, si es que con la actitud que tu tienes vas a llegar al fin del mundo y ese corazon enorme!!!! THE BEST FOR YOU. ahora te queda otra super experiencia m’as, con mil ganas de volver a vivir alguna mas juntos!!! DISFRUTAAAAAAA

  2. Emocionante tu fuerza, tu valentía, tu forma de vivirlo y tranmitirlo…..Gracias por compartirlo y darnos esta lección de lucha.
    ENHORABUENA CAMPEÓN!!!

  3. Pepe.. Me ha pasado el en lace teresa y me ha encantado. Mucho animo y suerte en tu nuevo objetivo.. Seguro q consigues llegar a la meta de esta nueva etapa.un abrazo fuerte y hasta pronto

  4. Pepe estoy agotado, muerto, sin aliento, he leído y vivido en primera persona esta durísima experiencia, …. Nos llaman locos por disfrutar de nuestro sufrimiento, pero cuanto más cuesta algo más grande es la recompensa verdad Pepe ??,
    Eres ya un Iron Man, no creo que vuelva a leer esto más pues por mi cabeza empieza a sonar….” tienes q empezar a nadar y a coger la bici….” … Jjjjaaaa.
    Siéntete muy orgulloso de tu triunfo estas dentro de una élite y sigue transmitiendo a los demás esa forma de vivir unida al deporte.
    Un abrazo artista.

  5. No se sí te acordarás de mi. Soy Oscar, el padre de tu primo Jorge de Madrid. He visto el enlace en el FB de tu primo Ivens. Sólo darte mi enhorabuena y decirte que me has emocionado. Dale recuerdos a tu madre y tus hermanos de mi parte. Un abrazo CAMPEÓN.

    1. Hola Óscar, me he alegrado al leer tu mensaje. Aunque no nos veamos me acuerdo de ti y sabes que te aprecio. Un fuerte abrazo desde Córdoba!!!

  6. Que barbaro Pepe!!! Que bien escrito esta… Que manera de transmitir la emocion vivida a todos lo que te seguimos y queremos! Sigue asi!!! Pero no corras mas por dunas por lo q mas quieras , que me he llevado una congoja!!!
    Grande los Cano- Castañeira! Bien acompañado!hasta la muuusica!! Bravo Rafa!braviiisimo !

  7. Gracias por permitirme el lujo de saber que soy tu amigo y que cosas como estas no solo hacen que la gente vea el atleta que eres si no el grandisimo corazón que tienes para superar los malos momentos que te ha presentado la vida, y que unas veces juntos, y otras a cientos de kms, has pasado, eso si, siempre con el apoyo de los que te queremos, gracias por todo pepón.

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