¡Habary Mr. Keino!

Bajo el agradable sol de Kenia que brinda cada amanecer, después del té, suelo relajarme leyendo o a veces escribiendo, en uno de mis rincones preferidos del campus de entrenamiento. Unlimited Power (Anthony Robins), un libro que me recomendó Alberto, un joven quiropráctico que conocí en Londres y que además de ayudarme bastante con una problema de espalda, compartí interesantes conversaciones y puntos de vista sobre el deporte. Momento de paz y serenidad, seducido por un sol que se engrandece segundo a segundo y por unos colores especiales, los colores de África. Me quedaría aquí todo el día.

Evadido y cautivado por la esencia que Kenia me regala cada día, leo apaciblemente y escucho como de lejos se acerca un coche por los caminos de tierra que cruzan las granjas y campos que rodean el Centro. Cuando llega a la cancela del Campus, se detiene y abre la puerta. Desde el lugar donde me encuentro puedo ver como esa persona que baja del coche y se dirige a mí es el Señor Kip Keino, actual presidente del Comité Olímpico de Kenia, cuatro veces medallista olímpico y dueño y fundador del Centro de Alto Rendimiento Keniano de la IAAF (International Association of Athletics Federations). Lugar donde me encuentro alojado y desde donde vivo día a día esta maravillosa experiencia.

Keino, se convirtió en un héroe en los Juegos Olímpicos de México de 1964, dónde por primera vez, Kenia ,mostró ante los ojos del mundo su supremacía en las pruebas de media y larga distancia, teniendo como protagonista a Kipchoge Keino que sin duda supuso el antes y después del éxito keniano en el atletismo internacional. Keino se impuso en la prueba de 1500 metros en un duelo memorable con el estadounidense Jimmy Ryun, después de haber sido diagnosticado con una fuerte infección de la vesícula biliar y haber recibido la prohibición de los médicos de correr. Por si hubiera sido poco, decidió participar también en los 5000 metros lisos obteniendo la medalla de plata. Sus innumerables victorias y éxitos y sobre todo, el modo espectacular en el que lo hacía, hicieron de él una auténtica leyenda del atletismo en Kenia.

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Pero su figura trasciende de lo deportivo. Huérfano desde niño, decidió tras su exitosa carrera profesional como atleta, ayudar a su comunidad y a los más desfavorecidos construyendo colegios, orfanatos y casas de acogida para niños que no tenían dónde ir. A lo largo de los años su compromiso con la sociedad Keniana, lo fue convirtiendo en un icono para Kenia y un ejemplo para el resto del mundo. Muchos lo ven como un padre, pues en su casa ha alojado a cientos de niños que no tenían hogar, y que hoy recuerdan con agradecimiento y admiración lo que él hizo por ellos.

“Habari Mr. keino!” (¿Qué tal esta Mr. keino?), a lo que respondió sonriendo, agradecido por el gesto de saludarlo en Swahili : “Mzuri, Asante” (Muy bien, gracias), y continuó: “Mr. Pepe, vine esta mañana temprano a verlo para que desayunáramos juntos, pero me dijeron que estaba corriendo”, pude apreciar como a pesar de haber venido en vano a buscarme, parecía que el motivo por el que no me encontraba le había gustado. “¿Podría invitarlo a comer?”, sin dar mucho crédito a la situación en la que me encontraba y sin ni siquiera saber bien como reaccionar, contesté: “Sería un placer Mr. keino”.

Fue en el mes de Marzo, cuando a través de mi buen amigo Jukka Lahtinen, a quien debo tanto por ser un ejemplo y referencia desde que trabajamos juntos en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada, y quién desde un primer momento apostó por mí y ha estado presente en cada paso que he dado, pude desde Londres contactar con Ian Keino, (uno de los hijos de Kip) para preparar mi viaje a Kenia, y ofrecer mi formación, experiencia, y sobre todo ilusión por trabajar una temporada en su centro, asistiendo a sus entrenadores en los entrenamientos, a su mánager en la gestión y dirección del centro y estudiar a fondo las raíces del atletismo keniano. Fue desde entonces , cuando pensé que trabajar allí, podría darme la oportunidad de conocer a Mr. Keino, una institución de la historia del atletismo internacional, del Olimpismo, pero sobre todo, un embajador de los valores del deporte.

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Aún no sabía en que consistiría la comida, si sería con más gente, con su familia, o tal vez solos. Llegamos al Club de Golf de Eldoret, un enclave precioso rodeado de árboles enormes y diversa fauna tropical que se mezclaban y perdían con inmensos campos de golf. Atento, educado y amable en todo momento, me preguntó dónde quería sentarme, a lo que respondí sin dudarlo después de haber visto el lugar, en las mesas de fuera. Allí nos sentamos los dos, y probablemente algunas de las conversaciones más interesantes que nunca he tenido, comenzaron a fluir.

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Como fue el momento en el que cruzó la meta y se proclamó campeón olímpico ante el aplauso de miles de personas, que sintió, en quien pensó. Cómo era su vida como atleta, sus entrenamientos, su dieta. Qué le hizo crear la Fundación Kip Keino para ayudar a los niños huérfanos y apostar por el deporte como pilar fundamental en su educación. Vivencias como presidente del Comité Olímpico. Una bonita conversación de quien fue su amigo y para mí siempre el ejemplo a seguir, Juan Antonio Samaranch. También me habló de su amistad con Nelson Mandela, anécdotas juntos. Con otras muchas estrellas del mundo del deporte e incluso de las pasadas elecciones a los Juegos Olímpicos 2020 dónde sorprendentemente España quedo eliminada en la primera ronda. Me habló sobre su vida, sobre su familia y también temas personales.

A partir de esa comida, casi todos los días viene a buscarme sobre las siete de la tarde para llevarme con él a cenar. Seguimos manteniendo largas charlas que me hacen aprender y crecer como persona. Observar y descubrir diferentes puntos de vista, modos de vida, culturas. Captar tanto como puedo y tratar de aprender de quienes tan lejos en muchos aspectos han llegado. “Mr. Pepe, en esta vida aprendemos por imitación, rodéate de buenas personas que te hagan crecer y de sabias personas que te hagan aprender”.

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