Tanzania

El tiempo por aquí avanza más rápido de lo que imaginaba. Supongo que es buena señal. A pesar de ser una experiencia difícil en algunos aspectos, estoy disfrutando mucho. Son ya más de veinte días, desde que partía, quizás algo perdido, hacia un rumbo salvaje, desconocido. África, “el continente olvidado”. Quería seguir descubriendo nuevos horizontes, abrir ventanas hacia rumbos incógnitos, lejanos, perdidos. Integrarme en nuevas culturas, diferentes modos de vivir, estudiando la cultura del deporte en diferentes rincones del mundo y poder desarrollar labores humanitarias a través de este. Continuar así, viviendo y haciendo crecer Just a Lifestyle. El proyecto de todos los que creemos en este estilo de vida.

Tras vivencias inolvidables en Kenia, desarrollando experiencia, trayectoria deportiva y profesional y aumentando y aprendiendo de la cultura más especial del atletismo en el mundo, hago mi maleta. Me marcho rumbo a Tanzania, donde trabajaré como voluntario en un orfanato, cuidando niños y haciendo deporte con ellos. Mi inquietud por hacer de esta experiencia una aventura guiada por el instinto más básico de la curiosidad, me hace optar por cruzar Kenia desde el oeste marcado por el Valle del Rift hacia la costa del este africano bañada por el océano Índico, para alcanzar Tanzania en Mattato. Un especie de minibus-camioneta vieja, incómoda y añeja que hacen de sus viajes aún más singulares.

Sin perder detalle a través de sus ventanas, comienzo a adentrarme en caminos que dirigen hacia la nada. La tribu de los Masai, da la bienvenida con sus muy vivas rojas capas y telas anudadas desde sus hombros, al país donde los animales cruzan libremente a través de la carretera. Somos nosotros quienes paramos y esperamos tranquilamente a que ellos pasen. Respetamos sus normas. Las leyes de la naturaleza. El lugar donde aún el hombre no ha querido sobreponerse a ellas. Al fondo puedo ver los pies de una inmensa montaña cuyo cuerpo y cima se esconden sobre las nubes. Lo llaman el techo de Africa. El monte Kilimanjaro. Impone sólo mirarlo. Casi seis mil metros que me llaman de nuevo el desafío. Quiero tocar su cima y acariciar desde ella, el cielo de Africa.

Seguimos hacia delante rumbo a Arusha. El paisaje, te hace sentir parte de ese marco salvaje que compone, la esencia del continente tal y como lo imaginaba. Ya quiero bajar y sentirme libre como aquellos niños que al fondo juegan con los animales. Inocencia en sus miradas. Serenidad en sus movimientos. Madres lavan la ropa en pequeños riachuelos mientras sus hijos juegan a correr más rápido que el curso del agua. El tiempo se para, en civilizaciones que heredaron conservar su tradición de vida.

Colores que creí que no existían, dibujan sobre lienzos las sabanas africanas. Terrenos secos hacen de éste, el lugar mas fértil. Chicas decoran sus cuerpos con túnicas de colores. Ni si quiera se ya que ventana mirar. Si esto es real, por qué no había venido antes. El reino de la naturaleza, de los animales. El territorio de lo primitivo, de lo salvaje. La tierra de aquellos que no teniendo nada, son dueños de todo.

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