Jitihada

Aún absorto por un viaje lleno de anécdotas e impresiones, llego a Arusha. Una bonita ciudad localizada a los pies del entrañable Mont Merú. De alli, me dirijo a la casa de voluntarios donde voy a vivir esta etapa en el que llaman el país de las Jirafas. Caminos escondidos que recorren chabolas y casas de piedra, me llevan hasta una cancela negra donde se puede leer: “volunteers house”. Bajo del coche, y comienzo a saludar a chicos que esperan la llegada de los nuevos voluntarios. Todos me reciben agradablemente. Conviviré en la casa con veinte de ellos, organizados en cuartos con literas. Chicos de todo el mundo que vienen a trabajar en orfanatos, hospitales y colegios. La mayoría vienen desde Australia, Estados Unidos y Canadá. Aunque hay algún otro de otra nacionalidad. Parecen muy simpáticos, creo que voy a estar bien.

Llega el momento de mi primera ducha. Parece que no hay agua. Salgo a preguntar. Una chica muy agradable viene a explicarme con una sonrisa. Creo que le ha hecho gracia la pregunta. Me señala un barreño grande de agua con un cazo con el cual deberé sacar el agua para ducharme de ese modo. Una explicación breve, clara y que concluye con un: Wellcome to Tanzanía. Sigo saludando a quienes serán mis compañeros de casa. Parece que hay muy buen ambiente entre en ellos.

Es el momento de comenzar mi trabajo en el Orfanato. Me espera un camino diario de una hora en Dala-dala (lo que en Kenia se conoce como Matatto), para llegar a Morombo, el lugar donde se encuentra el Orfanato de Jitihada. Una chica canadiense que ha estado un mes como voluntaria y que regresa a su país esta semana, me acompaña y me presenta a los profesores. Ahora es el momento de conocer a los niños. Supongo que es un momento que nunca podré olvidar. Me hubiese encantado grabar las caras de aquellos niños inocentes, que sin tener a nadie, se levantaban ilusionados para dar la bienvenida disciplinadamente al unísono a alguien que venía a cuidar de ellos. Emocionante.

Jitihada se encuentra en un barrio marginal en las afueras de Arusha. Un polígono distinto al que acostumbramos dónde se pueden observar cómo personas intentan salir de la pobreza a través de mercados, carpinterías y chatarrerías. Un lugar polvoriento, desestructurado y con muy pocas posibilidades de salir adelante. Impotencia ver niños tan pequeños descalzos, sucios y con hambre, que ni siquiera pueden ir al colegio. Madres tiradas en el suelo picando piedras doce horas al día para conseguir míseros sueldos que al menos les permita alimentar a sus hijos.

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El director del Orfanato me explica la situación de su centro. La organización. Le hablo del proyecto Just a lifestyle. Quiero ayudarles a estructurar la programación de la actividad física y el deporte en sus niños. Le explico lo importante y determinante que puede ser en su educación, la adquisición de hábitos saludables que les ayudará reforzar su salud y disminuir el índice de riesgo a contraer enfermedades. Parece que le gusta la idea. Es bonito que se abren a nuevos consejos. A experiencia y a personas que vienen de fuera para ayudarle a mejorar en algún aspecto. Le explico todo lo que podemos hacer este mes con ellos. Hay mucho trabajo por delante,pero será muy enriquecedor para todos.

Jugar y hacer deporte con ellos no tiene precio. Disfrutan con todo. Sonríen y valoran cada gesto de aprecio que tienes hacia ellos. Se pelean por darte la mano. Por abrazarte. Has venido de lejos para estar con ellos. Se sienten queridos, y eso les hace felices. Niños huérfanos muy pequeños que necesitan sentir el afecto y el cariño que nunca le dieron. Ser de algún modo responsable de una de sus sonrisas es la recompensa más grande que una persona puede tener. Sólo el primer día con ellos y podría irme pensando que todo ha merecido la pena. Ser consciente de lo que por desgracia existe es casi una obligación, en mi opinión, que todos deberíamos tener. Ser partícipe de algún modo de luchar por mejorarlo, también. Es mucho lo que aún podemos hacer. Mucho lo que podemos colaborar y cooperar. Pero no es menos lo que ellos nos aportan y no es menos las lecciones de vida que nos transmiten cada día con su ejemplo ayudándonos a crecer en aspectos personales, profesionales y humanos.

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2 comentarios en “Jitihada

  1. Pepe, cuando se ejerce la caridad, el cerebro se expande… Ayuda a leer mejor la realidad entre líneas.
    Me encanta lo que estas viviendo ahora, va a ser grande, ya verás!! Disfrútalo

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